lunes, 22 de febrero de 2010

"Une journée d'Andrei Arsenevitch" de Chris Marker (1999)



Tarkovsky me impacta porque es un poeta lleno de ideales y amor al hombre, Marker porque es un poeta lleno de ideas y amor a sus maestros. Marker captura a un Tarkovsky que domina con creces el celuloide, a pesar de la opresión de un sistema represivo, pero también a un Andrei humanizado, debilitado por el cáncer y desdoblado por la reunión con su hijo. Marker filma a Tarkovsky filmando con respeto y admiración, pero también busca crear dialécticas en su descripción (Marker dice que parece que no deja que Sven Nykvist haga su trabajo, después explica que en realidad lo está impulsando a ser el mejor fotógrafo posible).



Creo que la labor de Marker que más destaca la redondez de este trabajo es la forma en la que, de todo el material posible, hace la selección de momentos entrañables y profundamente humanos. A la par, la forma en la que el cineasta francés hace relaciones permite que el documental no sea solamente un retrato, sino un espacio para que Marker exprese sus tesis con respecto al trabajo del cineasta ruso. La más hermosa para mí es que Tarkovsky, en las siete películas que pudo producir, empieza con la toma ascendiente de un árbol en La infancia de Iván y termina con la toma de un árbol en El sacrificio, ambas relativas a personajes infantiles.




Así como Tarkovsky se despide de su hijo, Andrei, en la dedicatoria de El sacrificio, Marker se despide de uno de sus padres artísticos, su maestro Tarkovsky con Une journée d'Andrei Arsenevitch. Un día que refleja una vida y su creación, a partir de la visión de otro gran cineasta.

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